jueves, 3 de julio de 2008

Universitario de Deportes Campeón del Torneo Apertura 2008

Dale Alegría… a mi Corazón...!!



Resumen del partido en el cuál se consagró la "U" Campeón del Torneo Apertura del 2008



Debo confesar que hace tiempo que no pensaba asistir al estadio. Cuándo era más joven, iba muy seguido, pues tenía amigos del colegio que también eran hinchas de aquel equipo con camiseta color crema. Incluso, cada uno se identificaba con los jugadores de esa época, comprándose su remera con un número distinto, para que no existiera riñas ni peleas. Hasta nos batíamos en grandes duelos, en una cancha de tierra, que estaba llena de rocas y pequeñas piedras que hacían que el balón diera extraños rebotes y confundiera a todos los jugadores. Con un único objetivo, meter la pelota entre los tres endebles palos de madera, que era el único atractivo de ese campo de juego, contra el grupo de hinchas aliancistas, que también defendían ardorosos su camiseta, todos éramos compañeros del salón de clases. En esas años, de los 90’s, fuimos muy felices, comparados con los del equipo rival, pues la “U”, no paraba de ganar títulos en el ámbito local, pues en la Copa Libertadores ya empezaba a declinar su juego y a pesar que le ponían mucho esfuerzo, éste no alcanzaba para derrotar a esas instituciones que tenían un planteamiento muy definido y un trabajo a largo plazo, lo que no se daba en la tienda crema.



Y así fue creciendo mi fanatismo hacia el equipo que llevaba como único escudo la letra “U”. Hasta que pasaron algunos años y fui creciendo. Por medio de unos amigos, empecé a ir al viejo Estadio Nacional. En esos tiempos, se programaban mucho partidos uno seguido del otro, hasta habían tripletes en ciertas ocasiones. El país aún no contaba con otros estadios para jugar los encuentros del campeonato local, además que la mitad eran equipos de la capital, que no contaban con su propio escenario deportivo, teniendo a la mano un estadio céntrico, le salía más barato para los dirigentes, jugar de preliminar a un equipo llamado grande. Incluso, como tenían un porcentaje de la taquilla, pues les resultaba factible, ya que, sus equipos no contaban con más de 50 aficionados. No era tan mala la idea, pero solo pensaban en no juntar en un mismo día a los hinchas de Universitario con los de Alianza Lima, claro, solo se daba éste acontecimiento en los clásicos. No contando que aquellos denominados “equipos chicos”, como Cristal, Cienciano, Municipal y Boys (los primeros mencionados, iban a escribir momentos de gloria para el fútbol peruano, y los dos últimos, aumentarían sus aficionados, no por ganar grandes cosas, sino más bien por tradición de sus familias o del barrio). Puedan tener una cantidad de seguidores que pueden llenar estadios.



La Trinchera Norte siempre presente apoyando a la "U"




Solía ir a la temida “Trinchera Norte”, claro, acompañado de un grupo de amigos, nos vacilaba todo el entorno, nos creíamos invencibles, pues éramos capaces de todo por ayudar a ganar a nuestro equipo, desde la tribuna. Siempre nos pedían saber todas las canciones, con el corazón en la mano y saltando, nos hacíamos sentir en el estadio. Era una sensación increíble, pues alentábamos sin cesar al equipo de nuestros amores, a tener un resultado contundente y victorioso. Cuando las cosas no salían bien, el ambiente se enrarecía, empezaban los pleitos, se empujaban unos a otros. Incluso fuera del estadio, algunos grupos asaltaban a las personas que tenían la desdicha de cruzarse, ese día, en su camino. Mis amigos, iban siempre a las reuniones que hacia la barra para que les vendan las entradas a mitad de precio (después de tiempo, me enteré que la misma institución les entregaba gratis los boletos para que lleven gente a alentar, pero claro, los cabecillas de cada grupo, las vendían a mitad de precio, teniendo ahí su negocio y su forma de existir en la sociedad. Ahora entiendo por qué se peleaban tanto por tener el liderazgo de la barra). Es por eso, que dejaron de ir familias enteras al estado, las barras crecieron, todo era vandalismo, no se respetaba a nadie, menos al rival, a ellos había que exterminarlos.



Eso me alejó de la barra Norte, me esmeré para juntar un poco más de plata y me fui a la Tribuna Oriente, la más añeja de Universitario. La gente era más calmada, no te exigían saber todos los cánticos posibles y ahí si te nace apoyar, pues apoyas, sin recibir amenaza alguna. Pero, a pesar de que todo iba bien, noté que el campeonato local estaba decayendo en su calidad. Los equipos peruanos solo reinaban en nuestro territorio, podían ganar todo, tener las mejores hinchadas, pero cuando iban a jugar a otros lugares de Sudamérica, regresaban con las cabezas agachadas, no solo pasaba eso en los clubes, sino también en la selección. Teniendo que recordar siempre aquél cántico de los años 80’s, “Perú campeón… es el grito que repite la afición” o viendo hasta la hartazgo los goles de “Cachito” Ramírez, en la Bombonera, en los años 70’s.
Esos fueron los motivos fundamentales por los cuales me fui, poco a poco, separando del ambiente de las tribunas, desde el año 1999, cuando salió bicampeón Universitario. Ni la construcción espectacular del nuevo y moderno estadio de la “U”, el “Monumental”, me hizo regresar a las gradas. Salió Tricampeón, al siguiente año, pero, de ahí, entró en una seguía de títulos, pero aún así, hasta ahora, no le pueden quitar el calificativo del “equipo más ganador en el Perú” (digo bien, pues es el que más títulos locales ha conseguido, no es así, si hablamos de títulos internacionales). Incluso, ni clasificaba a la Copa Libertadores, pues aquellos equipos que antes eran llamados “chicos”, crecieron y desplazaron en el juego al tan querido equipo crema, haciéndolo cada vez más un equipo de compañía o de media tabla. Ya ni la garra, esa característica tan famosa que lo hizo Subcampeón de la Libertadores, en el año 1972 existía, a los jugadores les pesaba la camiseta, sentían presión, para colmo se contrataba mal a los extranjeros, ni los ídolos merengues que quedaban en esos tiempos, podían salvar al equipo.



El equipo Crema, que en todo el Apertura solo empetó un partido de local, los demás lo ganó y esa noche no fue la excepción.




Notaba que el equipo no andaba bien, solo tuvo un pequeño esplendor en el año 2002, al ganar el Torneo Apertura, pero no pudo clasificar ni ganar el campeonato nacional. Ahora, después de 6 largos años, sin gozar de un título, aquél equipo de la “U”, vuelve a estar en boca de todos, no porque tenga un papel vergonzoso en el campeonato, sino porque está en la cima de la tabla y jugando mejor que sus rivales, con ventaja de 7 puntos de Cristal y de 20, de Alianza. Con la posibilidad de salir campeón ante su gente y en su estadio lleno de hinchas cremas, con ansias de sentirse campeones.



Siempre es bueno tener ese tipo de alegrías en el alma, claro que no cambia de manera extraordinaria tu vida, pero por un momento de hace olvidar todas tus dificultades que enfrentas en esos instantes, añorando ver una luz al final del camino. Me hallaba ante tal incertidumbre y quería olvidar todo. Regresando a las tribunas para alentar al equipo de mis amores. Era una decisión que me costó mucho, pues, no había ido al “Monumental” anteriormente, y ahora estaba solitario, sentado en el micro, que pasaba cerca de aquel escenario. La sensación fue primero de admiración, ante tal obra arquitectónica y segundo, de sentirme orgulloso de poder asistir a mi hogar, que por años deje de visitar. A pesar que caminaba solo por las diez cuadras que separaban el paradero, en donde me dejó el microbús, del estadio, veía que a mí alrededor, la gente que caminaba apresurada y otra calmada, pero que tenían el mismo destino, ir al Monumental.



Personas de todo tipo de razas, que venían de diferentes partes de Lima, algunos iban con sus remeras de barristas que se identifican por distritos y otros con su camiseta original o “bamba”, pero eso no importaba, total, iban de crema. Se confundían, en ese mar de multitud que llenaba de tope a tope esas diez cuadras, individuos de distintos niveles socioeconómicos, algunos llevaban a su familia entera. Notaba entusiasmado, al padre que le compraba una chompa a su criatura o una gorra y éste, se la ponía con toda la ilusión del mundo. Me quedé pensando que en el futuro, cuando tenga mi propio hijo repetiré esa misma escena. Pero, lo que me llamó bastante la atención (lo cuál era algo lógico), era ver una muy buena cantidad de féminas, con sus camisetas cremas, en grupo o acompañadas de algún hombre. Algunas demostraban la belleza de la mujer que era hincha de la “U”, cuándo veía pasar a una, recordaba mucho ese cántico de años atrás, que entonaban en la Trinchera Norte, cuando se deleitaban al ver contornearse una linda chica: “ése culo… es crema”.



Ya dentro del escenario, las tribunas se teñían de un solo color en sus cuatro lados, ese era el crema. Cada persona tenía una especie de bolsa en forma de tubo, que al llenarla de aire se transformaba en un globo. Los lanzaba cuándo salía el equipo a la cancha. Volví a encontrarme con la histórica barra en la tribuna de Oriente, ya no reconocí a los personajes que antes pululaban por el Estadio Nacional, sino que había más jóvenes que de costumbre. Pero ahora, ya no me encontraba con la misma disposición de saltar todo el partido, de gritar todos los 90 minutos que duraba, hasta quedarme completamente sin voz.


Vista desde la Tribuna Oriente, dando la vuelta olímpica celebrando el campeonato

Creo que al pasar los años, uno se va dando cuenta que puede ser un aficionado al fútbol y no un hincha irreverente que no entendía de razones ni circunstancias, sufriendo por su equipo, como antes lo era. Esos tiempos ya pasaron por eso, respetando mis ideales, me busqué un asiento para disfrutar el partido, alejado de la barra. Y lo llegué hacer apreciando el encuentro sentado y cuándo era hora de alentar, pues uno gritaba a todo pulmón. Me impresionaba ver el estado lleno, con gente que quería ver a su equipo dar la vuelta olímpica, tan anhelada por años. Era todo un espectáculo, sacaban sus cámaras fotográficas, retratándose con el fondo de la aún temida barra de la “Trinchera Norte” o el campo de juego, todos orgullosos de ser hinchas Cremas. En pocas palabras se vivía una fiesta en las tribunas. Me sentía en familia, claro que también aproveché para captar en mi celular algunos recuerdos de aquella visita al hermoso estadio que tiene la “U”. A pesar que el equipo de Cienciano, nos hizo pasar un sobresalto a todos los presentes, el equipo Crema, se supo imponer en su juego y acabó triunfando por el marcador de 3 a 1, para felicidad y el festejo de toda la hinchada.



Otra vez, pude tener la dicha de observar en directo, desde el mismo escenario deportivo, la vuelta olímpica del equipo del cuál me hice hincha hace más de dos décadas y que lo acompaño desde siempre. Es el título número 25 en la historia del club, pero tengo que tener presente que aún falta otro torneo el Clausura y luchar por el campeonato Nacional. Se nos viene la Sudamericana, la Libertadores para el 2009. Espero de corazón, que se llegué muy lejos en ambos torneos internacionales y que la “U”, recuperé su nombre y prestigio, que antes se le tenía a bien reconocido. No solo en el ámbito local, sino afuera también. Quizás éste sea un buen comienzo de la recuperación, no solo del equipo crema, sino del fútbol peruano, que tanto necesitados. Salí de lo más contento del estadio, ni siquiera me importó caminar más de 20 cuadras para encontrar mi micro, ni estar cansado, ni llegar de madrugada a mi casa con hambre. Volví a tener esa sensación de felicidad, que solo un aficionado del fútbol puede comprender y más sí es hincha Crema. No creo que éste haya sido mi último encuentro con las tribunas, ni tampoco espero que sea el último título de la “U”, pero lo que sí tengo presente es que éste sentimiento que me mantiene unido al equipo sigue intacto y que a pesar de los años y de las circunstancias, no cambiará nunca. Ese mismo sentimiento, hoy me permite decir: ¡Dale “U” Campeón!

jueves, 15 de mayo de 2008

Atrapados

Amores Náufragos III





- ¡Detengan el elevador!
Se escuchó la voz algo desesperada y agitada de una linda dama que venía corriendo. Derrumbando toda la tranquilidad que había en el pasillo del hotel. Gabriel, que ya se encontraba dentro del ascensor, lo detuvo sin pensarlo dos veces, hasta esperar a la apresurada mujer. Ella le agradeció el gesto y rápidamente apretó el botón para ir al primer piso. A pesar de que él tenía sus pensamientos en otras cosas que le agobiaban, le atrajo mucho la atención ver a la joven mujer. La examinaba de reojo a través de los espejos del elevador. Notó que ella era bastante menor de lo que aparentaba ser, pues traía una vestimenta muy formal. No entendía, como una mujer de su edad, no utilizaba ropa que estaba a la moda. Gabriel se dio cuenta que la conocía, pero no recordaba dónde la había visto, se mortificaba mucho, pues una mujer así, es muy difícil de olvidar.
Al costado, Carolina, repasaba mentalmente lo que tenía que decir ante la prensa que la estaba esperando muy impaciente por su demora. Se encontraba nerviosa, no le gustaba el acoso de las cámaras ni las preguntas de los periodistas. Se sentía presionada. Es más, sentía las miradas libidinosas de los fotógrafos. Le dolía pensar que solo llegó al Congreso, no por sus ideas de cambiar la política y la administración pública, sino que tan solo votaron por su belleza física. Tenía que demostrar lo contrario, pues era una mujer de ideas fijas, pero sus miedos la traicionaban.
Los pensamientos de ambos ocupantes del ascensor, se diluyeron de una forma violenta, pues en esos precisos momentos el elevador dejó de funcionar. Se prendió la luz roja de emergencia. Por unos segundos se miraron las caras, y al unísono de sus voces, pidieron auxilio. Cada uno por su lado, sacó su celular, llamaron a los bomberos, a sus familiares para que sepan que se encontraban en buen estado. Es ahí cuando se enteraron que estaban atrapados entre dos pisos. La operación de rescate iba a durar un par de horas. Estaban haciendo todo lo posible, pero se les pedía paciencia. Además que estaban pasando en vivo este acontecimiento por la televisión, ya que la prensa se había enterado que ella estaba atrapada. Cuando Carolina, colgó el celular, se vino abajo, se derrumbo y se puso a llorar como una niña indefensa. Gabriel, la abrazo, pero paradójicamente, dejó que siga llorando, que sacara toda la presión que en ella habitaba. Así él calmaba a su pequeña hija.

Aquella niña que hoy le hacia falta. Pensaba en qué sería de ella sí es que le llegara a pasa algo. Se le vino todo de golpe. Había olvidado por unos minutos por qué se encontraba en ese edificio. Recordaba los momentos maravillosos y no tan felices, que había pasado años atrás. Era su centro de labores. Derramó unas cuantas lágrimas al pensar que ya no iba asistir a su trabajo. Se encontraba en la peor situación de un Publicista. No tenía ideas geniales. Antes todo fluía con total normalidad. Era el mejor de todos, el más listo. El mismo gerente que lo felicitaba por sus inventivas, hoy le acaba de dar entre sus manos su carta de despido.
Carolina sintió que lloraba, le preguntó si se sentía mal. Él mintió al decirle que estaba bien, como lo hacía con su hija, cuando lo sorprendía llorando al sentirse completamente impotente, pues las ideas no se le venían a la cabeza. Ella, había visto muchas veces ese gesto en su papá. Se contemplaron mejor, bajaron la mirada. Es ahí cuando Gabriel, se sorprendió al escuchar el relato de Carolina. Contó que era senadora del Congreso. La más joven e idealista entre todos sus colegas. Decidió postular por que provenía de una familia muy vinculada a la política. Su padre había sido senador. Todos esperaban que, como hija única, siguiera los pasos de su papá. Le gustaba la idea. Siempre tenía la obligación de ser la primera en su clase. Ella asistía los fines de semana al partido, con su papá, para empaparse y comprender su ideología. Nunca faltaba a las campañas para ayudar a los más necesitados. Su familia se alegró mucho al enterarse que había sido elegida Congresista. Lamentablemente, esa alegría fue efímera. Pues su padre, el mismo que le dijo que iba a estar a su lado, apoyándole en todo momento y enseñándole el camino para que sea mejor que él legislando, falleció. Su pequeño mundo se le vino abajo. Se sentía sola, a pesar que tenía mucha gente a su alrededor. Pero ella no conocía nada de legislaturas, se sentía mejor en la calle, ayudando personas. Se dio cuenta que los que se le acercaban para enseñarle las cosas de una congresista, solo lo hacían por interés de acostarse con ella. Y ahora, el partido no tuvo mejor idea que organizar una conferencia de prensa, para que ella exponga sus proyectos de ley. Ella se sentía obligada, pues no eran sus pensamientos, no lo había hecho, se lo imponían. No sabía qué hacer, por eso se demoró en ir a la reunión.

Gabriel, escuchó sorprendido su relato. Él como una forma de agradecimiento a la confianza vertida en él. Le dijo, que él tampoco pasaba por una buena época. La relación con su esposa cada vez empeoraba más, si seguían unidos era por su pequeña hija. Justo ahora, acababa de recibir su carta de despido de la empresa de publicidad, en donde laboró varios años. Le acusaban de no tener más ideas y ahora lo habían dejado afuera. Ya no iba a fiestas, ni siquiera se encontraba con amigos, su aspecto había cambiado mucho desde ese entonces. Incluso se estaba refugiando en el alcohol. Se sentía mal por todo. Pensaba muchas veces en suicidarse, pero no era tan valiente para quitarse la vida. Su luz era su pequeña hija. Por ella daba todo.
Gabriel tuvo que interrumpir su relato, pues los bomberos ya habían abierto la puerta del ascensor. Y se veía el tumulto de personas que pugnaban por tener la mejor imagen del rescate. Carolina fue acosada por los hombres de prensa, que no la dejaban mirar qué pasaba con el hombre que se había encontrado en el elevador. Le hacían preguntas de todo tipo. Gabriel, no pudo resistir más. A empujones logro acercarse a Carolina, la abrazo, la cubrió con su saco. Se armó de valor y les dijo a todos. Que la dejarán en paz, pues en estos momentos no iba a declarar. Por tal motivo la conferencia se había suspendido y que de todos modos sus proyectos de ley iban ser presentados, para el conocimiento de la sociedad. Es ahí, cuando se la llevo. Un periodista, alcanzó a preguntarle a Carolina, antes que subieran al auto, junto con Gabriel, quién era aquél tipo que la acompañaba y se atrevía hablarle así a la prensa. Ella, con una pequeña sonrisa le respondió: “Es mi nuevo asesor”.

miércoles, 2 de enero de 2008

Conciencia entre temores (Relatos Incomprendidos)

Amores Naúfragos II


(Still-Afternoon-Zhaoming Wu)
Ya no puedes estar así. Mírate Jessica. No te das cuenta que sí sigues en ese estado, no vas a solucionar nada. Arréglate. Te encuentras toda despeinada, teniendo un cabello hermoso, debes cuidarlo, se te nota maltratado. Esos ojos, tan bellos, negros y grandes. No pueden seguir sin ningún color. Esas ojeras, duerme a tus horas, no te desveles viendo novelas o películas cursis y lloronas. Maquíllate. Para que resaltes esa belleza que la natural. Ponte buena ropa. Bota al tacho esos harapos que tienes. Algo más apretado. Sé más mujer. ¿Por qué tienes miedo de mostrar toda tu belleza? Mira esos rollos. Haz ejercicio. Métete a un buen gimnasio. Hoy en día los tratamientos de belleza están a la orden del día, así que no tienes excusa para no someterte a ellos. Come a tus horas. No te olvides de la dieta que siempre practicabas, claro que no te gustaba, pero te sentías bien con los resultados obtenidos. En realidad, creo que no necesitas de nada, eres muy bella. Ya deja esa depresión de lado. Eres fuerte. No te dejes caer por algo tonto. Lee libros. Infórmate de los hechos que pasan, para que tengas al menos un tema de conversación.
Nunca dejes de sonreír. La alegría atrae mucho. En cambio con esa cara, con esos gestos de tristeza que tienes, alejas a todos. ¿Quién se te va acercar para charlar contigo? ¿A qué personas piensas impresionar con esa actitud? Jessica, despierta. Es hora de afrontar el mundo, con todos sus defectos y virtudes. Si te vas a quedar todo el día en tu cuarto, encima de la cama sin arreglarla. Comiendo pura comida chatarra. Pensando que nadie te va a querer así. Claro si andas como una loca por tu casa. Ya ni siquiera contestas las llamadas de tus amigas.

A ti que te gustaba ir de compras. Disfrutar de la vida. A ti que poco te importaba lo que digan los demás. Y hoy, te encuentras sumergida en un mundo sin salidas, sin esperanzas. Pero eso solo lo piensas tú. Sola te pones obstáculos. Es más, cuándo vez algo que no puedes hacerlo o se te va hacer difícil lograrlo, te das media vuelta, sin pensarlo dos veces. Dejando atrás un sin fin de posibilidades para tu mejoría.
Todos siguen esperándote Jessica. Levántate, sal de tu cuarto. Ponte bella. Saca del armario aquellos jeans que te quedaban apretados y que enloquecían a los hombres al mirar tu andar. Utiliza ese escote que te quedaba precioso. Ya deja de pensar que todos te pueden tratar como un objeto sexual. Ya tienes tu edad. Utiliza esa madurez que dan los años y la experiencia para encantar, no para esconderte en tu cuarto, como si fuera un convento. Qué importa que piensen que a tu edad nunca vas a conseguir una persona que te ame, si para el amor no hay edad. No seas pesimista, amargada. Déjate querer. Dale una oportunidad a tu vida amorosa. Solamente porque tuviste una anterior relación tormentosa, no vas a ponerles la cruz a todos los hombres. Que esa mala experiencia no te hunda más, que te sirva de estímulo tomar mejores decisiones y no caer en el mismo error.

Te encuentras solo esta vez Andrés, porque es tu decisión. Si pudieras ser más valiente. Y dejar de lado, aquella importancia que le das a las opiniones negativas de la gente. Haz lo que siempre te ha gustado sin pensar en los demás. Sé libre en tus actos, sin dañar a los que te rodean. Sé más observador. Que no te agarren de tonto. No tienen derecho a hacerte sentirte menos. Trata que tu aspecto físico no sea un obstáculo para que logres cosas que te hagan feliz. ¿Qué importa si eres el más feo? Andrés, sabes muy bien que la belleza está en los ojos de cada persona, y siempre tienen diferentes tipos de percepciones. Sé que se te está cayendo el cabello. ¿Acaso eso es importante? Rápate la cabellera y listo. El ser el más bajo de tus compañeros que no sea motivo para no conversar con las chicas. Claro que tu físico tampoco ayuda mucho que digamos. Pero al menos, con que salgas a correr por las mañanas alrededor de tu cuadra, ayudará mucho. Ya deja de vestirte tan anticuadamente. Ya tú mamá no te compra la ropa. Si no te gusta lo que está de moda, al menos cómprate cosas que te hagan sentirte liviano, fresco. Lo principal es que te sientas bien contigo mismo, para que puedas trasmitir esa sensación a los demás.
Empieza con quererte. Y reírte de los apodos que te puedan decir. Tómalos como una broma y respóndeles con sutileza. Ahí sabrán que eres gracioso. Dime Andrés ¿A qué chica no le gusta los tipos graciosos? Tú eres inteligente, por las puras no has ido a la universidad, no te has quemado las pestañas estudiando. Utiliza esa misma inteligencia para levantarte. Tienes un trabajo estable, claro que la paga no es la que desearías. Pero al menos te das tus gustos de vez en cuando. No le temas a las reuniones por que no sabes bailar. Nadie va a notar que bailas bien o mal, sólo la pareja con quién estás en esos momentos, pero para eso, tienes que conversarle algo interesante. Preguntar por sus datos. Así, ella solamente se fijará en tus palabras, en tus ojos, en tu rostro y no le tomará importancia a tus pies. Además, es difícil bailar y conversar a la vez.

Llama a tus amigos, ellos no solamente están para ir a tomar. Acepta la invitación de ir a jugar el partido de fútbol del domingo. Ya sé que no sabes jugar, pero eso no importa. Estar entre amigos, siempre es divertido reírse de lo malo que pueden ser al jugar. Al menos que quieran apostar, eso sí, mejor salte, ya que te pueden romper una pierna por 2 soles. Salte de esa rutina que tienes. De la casa al trabajo y viceversa. Anda a sitios donde se encuentre lleno de personas. Busca interactuar con ellas. Charlar con una persona a veces es una experiencia agradable. No descartes conocer gente de todo tipo. Sé siempre humilde, pero tampoco abuses. Que las personas siempre buscan engañarlas. Siempre van a buscarte hacerte mal, pero estate preparado para todo. No tengas miedo a las mujeres. Siéntete seguro. Si te rechazan, pues recuerda que siempre habrá otra oportunidad. Siempre habrá una mejor que otra. Créete único en tu especie. Y deja de tomar tanta cerveza que eso te saca más panza. Bueno, pensándolo bien, no la dejes, pues hay mujeres que les gusta los hombres con panza. Solo es cuestión de encontrarlas. Andrés. Pero hazlo de una buena vez. Sino te quedarás así por toda tu vida.
Jessica y Andrés, no solamente tienen en común sus temores. Tienen una conciencia que trata de hacerlos reaccionar. Por un lado, Jessica se hace todos esos cuestionamientos de su vida, sola frente a un espejo. Andrés, se da fuerzas, en un bar, frente a un vaso de cerveza. Lamentablemente, hasta que no se decidan a actuar, siempre se repetirán estas dos historias.

jueves, 13 de diciembre de 2007

Cita a Ciegas (No Comprendida)

Amores Náufragos



Es inevitable que nos pongamos temerosos frente a una situación que desconocemos. Y aún más, cuando vamos a conocer a una persona que, de la cuál, sólo sabemos su nombre. Esto ocurre muy a menudo en las citas a ciegas. Siempre nos ponemos nerviosos, pensamos en cómo será la persona, incluso nos ponemos a analizarnos a nosotros mismos. Cuáles serán nuestros defectos y virtudes, qué es lo que anhelamos tener. Todo este trance acaba, cuando ya estamos inmersos en esta realidad y curiosamente, todo lo que pensábamos no se cumple o no lo teníamos previsto. Ahí es dónde vemos la verdadera personalidad que tenemos.
Faltan solo pocos minutos. Me muero de miedo, ¿Cómo será? Espero que sea agradable y de buenos tratos. Porque no me gustaría que sea un amargado, que solo piense en él, que me trate como un objeto sexual. Creo que ya me estoy arrepintiendo de estar en esta cita a ciegas. Si todo sale mal, nunca más le hablaré a Gina pues, es la culpable de que esté aquí sentada en esta librería esperando, según ella, al hombre de mi vida. Ahora que me pongo a pensar, ¿Mi amiga me habrá notado desesperada por tener una relación? Yo no he dado signos de estarlo, claro, sé que hace tiempo que no tengo un amorío pero ¿Eso es normal, no? Además aún estoy joven, bueno, siendo sincera, no estoy tan chibola que digamos pero, al menos parezco de menos edad. Todo lo tengo en su sitio, la “ley de la gravedad” aún no me alcanza, además siempre voy al GYM, por que me moriría si tengo celulitis y me veo toda gorda llena de grasa por todas partes. No, qué horror.
Ya es la hora, y no llega. Siempre será así de impuntual, no me gusta los hombres así, pues dan a entender que una no le interesa y que prefieren otras cosas. Después están que nos dicen, eres solo mía. Claro cuándo les conviene. Ya Carolina, deja de pensar en esas cosas, que va a decir, que eres una amargada, que siempre ves las cosas negativas, que soy rebelde porque el mundo me hizo así. ¿Eso no era una canción? Bueno, no importa. Tengo que causarle buena impresión ¿Estaré bien vestida? ¿Le gustará mi peinado? Mira que hasta ondulación me hice. ¿Este escote estará muy provocador? Y este jeans, que me está apretando demasiado, un poco más y no me deja respirar. Es que a los hombres todo les entra por la mirada, y con lo mañosos que son, fácil que se fijará en mis curvas. Pero, eso sí, no quiero que llegue a pensar que soy una chica fácil y liberal.
Espero al menos que sepa mantener una buena conversación, pues si es aburrido, me largo inmediatamente. Pero, si me ha citado en una librería, es porque debe ser todo un intelectual. Recién ahora me arrepiento de no haberle hecho caso a mi profesor cuando me decía que lea por lo menos un libro al año. Carolina eres una “calabaza”, me dirá. ¿Pero si es todo un Nerd?

Otra vez llegando tarde. Esto ya es costumbre en mí, pero ahora no es culpa mía, el tráfico ha esta hora siempre es un caos en ésta bendita ciudad. ¿Qué estará pensando la flaca? Que soy un impuntual. Bueno, al menos ya sabe algo de mi personalidad, espero que no le incomode. Pero, ¿Cómo será ella? Ojalá que sea alta, flaca y que tenga un cuerpazo, mínimo. Claro que tampoco quiero que me pase de talla, pues no soy tan alto. Qué vergüenza. Ni tan flaca, al menos que esté rellenita, pero eso si, sin barriga. Aunque no estoy muy autorizado para hablar de panzas, pues tengo la mía. Pero ni modo, o es tener panza o dejar de tomar. Prefiero lo primero. Solo espero que no le gusten los fortachones, pues estoy fuera de forma. Mi trabajo es muy sedentario, todo el día sentado en una oficina del banco. Aunque te la pasas entretenido chateando por el Messenger.
A pesar que las chicas me coquetean y me animan para salir, no quedo en nada, pues tengo la sensación que solo me buscan para que les invite algo. No soy tan atractivo, pero ese dicho de “Billetera mata Galán”, siempre pasa conmigo. ¿Por qué no seré tan popular entre las chicas? ¿Será por mi peinado? Ya ni cabello tengo, creo que me quedaré calvo. Por eso me lo dejo crecer hasta que me tape las entradas que tengo. ¿Tal vez será por los lentes? Pero, ¿A qué mujer no le gusta un hombre intelectual? Uno que sepa hablar de todos los temas, que esté enterado de las cosas que suceden cada día en el mundo, hablar de política, de deportes. Bueno, creo que ya me di cuenta de mi error. Es muy preocupante ver como las chicas se alejan de mí, solamente por mi aspecto, creo que estoy condenado a buscar pareja en el Chat. Ahí al menos, la pinta es lo de menos, más se fijan en cómo escribes, de qué temas hablas y cómo te defiendes cuando te atacan. Claro, que después de ver mi foto, me bloquean de sus correos. Creo que tendré que practicar más el Adobe Photoshop.
Ahí está sentada, esperándome. Tiene “buen lejos”, creo que me saqué la “Tinka”. Ya hasta me sudan las manos, espero que no sea superficial y que al menos tengamos una buena charla para quedar bien y al menos llegar a conocernos, salir como amigos y quizás algo más. Deseo que esta vez no me rompan el corazón, como ya lo han hecho muchas veces.
¿Ese es? Ay, lo que me temía, tiene una onda intelectual, ¿Ahora qué diré? ¿Cómo debo comportarme en estos casos? Ya me puse muy nerviosa, al menos se nota que tiene estilo para vestirse y es más alto, pero ¿Sí se da cuenta que no soy de mucho hablar y más me gusta la acción? Ya sé, le pido que me invite un par de tragos, así nos desinhibimos y charlamos mucho mejor de cosas graciosas y capaz que nos vamos a una discoteca. Ese sí es mi ambiente.
- Hola, ¿Eres Carolina? Discúlpame por llegar tarde. Espero que no te hayas aburrido. Noto que eres una chica muy linda. Me llamo Juan y estoy a tus órdenes para lo que desees. Sí quieres, podemos ir a un lugar donde mejor te sientas.- Hola, Juan. Gracias por tus halagos, creo que nos quedamos aquí, para charlar mejor y conocernos más. Ya después se verá si nos vamos a divertirnos por allí, ¿Qué te parece?

lunes, 22 de octubre de 2007

FERRARI Y KIMI CAMPEONES

¡Se hizo Justicia!





El ganador del duelo protagonizado por los pilotos de McLaren, entre inglés Hamilton y el español Alonso, fue el tercero en discordia, ese mismo que no tuvo ninguna publicidad antes ni después de la carrera. Aquél piloto parco, que esboza rara vez una sonrisa en su rostro. Conocido también como el “Hombre de Hielo”, Kimi Räikkonen, al mando del coche de Ferrari, ganó el GP de Interlagos, en Brasil. Con ello obtuvo 110 puntos, en el campeonato de Pilotos, sumando así su primer campeonato mundial. Dándole una alegría inmensa a todos los hinchas “Tifosis” que nunca dejaron de apoyarlo aún cuando se encontraba con pocas posibilidades de lograr esta gran hazaña. La escudería Ferrari ya había celebrado el titulo del campeonato de Constructores. Esto se debió a que el Comité de la FIA, determinó como castigo al Team McLaren-Mercedes, quitarle todos sus puntos ante un caso de espionaje.
En un final de infarto en la última carrera del año en Brasil, fue el finlandés el que se quedó con el título del campeonato de pilotos en la Fórmula Uno. Pero no fue fácil conseguirlo. En ese mismo circuito un año antes, la Ferrari sufría una de las más dolorosas derrotas frente al español Alonso, que se encontraba al mando un coche Renault, coronándose bicampeón, dejando en el camino al 7 veces campeón mundial, el alemán Michael Schumacher y forzándolo al retiro de las pistas, sin logran tan codiciado e histórico título. Pero aún así, los “Tifosis” de la Ferrari, abarrotaron las graderías del circuito brasileño. Soñaban aún con la posibilidad de ver al sucesor de alemán Schumacher, terminar con la hegemonía impuesta durante los dos últimos años por el español Alonso y acabar con los sueños e ilusiones de la sorpresiva amenaza del inglés Hamilton.


No podía ser mejor el comienzo de la carrera y la más emocionante del año. Todo parecía ir viento en popa para la escudería del “Cavallino Rampante”, pues en la Pole, se encontraba el brasileño Felipe Massa, que relegó al segundo puesto al piloto de McLaren, Lewis Hamilton. Quedando tercero, en la grilla el finlandés Kimi Räikkonen con su monoplaza de la Ferrari y detrás de él, el español Fernando Alonso, con su coche el conocido “Flecha de Plata”. Los cuatro partían en iguales condiciones, las fuerzas estaban parejas. La primera curva de la “S” de Senna, iba hacer determinante para la carrera. Al partir, Massa le mete el carro a Hamilton, que disminuye su velocidad. Es ahí dónde Kimi se aprovecha para alcanzarlo y luchar por el puesto. Hamilton trata de maniobrar su coche ante la arremetida del finlandés, pero ve que sus espejos retrovisores se llenan completamente de la figura del monoplaza de Alonso, que viene con unas ansias locas de quitarle su puesto. Es ahí, donde Hamilton, aturdido y desesperado por no chocar frena, haciendo una mala maniobra se despista, felizmente para él, pudo regresar a la carrera, pero en el octavo lugar.
Pero las cosas no terminaban ahí para el joven piloto de McLaren, buscando recuperar posiciones y sabiendo que sus principales contrincantes habían tomado una pequeña ventaja. Solo le quedaba tranquilizarse y buscar pacientemente un 5to lugar, para asegurarse el campeonato mundial pero, en la vuelta número ocho, tiene un problema electrónico en su vehículo. Bajando de velocidad, mientras todo el pelotón que iba detrás de él, lo pasaban sin mayor esfuerzo. La principal carta de Ron Dennis, se quedaba fuera de la pelea. Las tribunas explotaban, unas de alegría y otras de tristeza al ver como se le escapaban de las manos el título al inglés. Pero de pronto, el monoplaza empieza a funcionar. Aún tenía esperanzas, pero ya se encontraba en el puesto 18 y muy lejos de la punta.
Hamilton, sin otra alternativa que cambiar de estrategia sobre la marcha, decide hacer tres paradas, no llenar mucho de combustible y cambiar de llantas intermedias a lisas, para intentar al menos llegar a la quinta posición. Se la jugó todo por el todo, tenía coche para lograr la proeza. Pasaba sin mayor problema a los vehículos que se encontraban delante de él. Se convirtió por un momento en el Michael Schumacher del año pasado, esquivando coches, teniendo amor propio por alcanzar su objetivo y dar lucha hasta el final. Pero fue en vano, quedó séptimo, tan solo logrando 2 puntos y quedando segundo en el campeonato general.


Ahora solo quedaba ver qué pasaba adelante, aunque de reojo apreciar lo que hacía Hamilton para no llegar en el quinto lugar. Massa se encontraba imparable, con el aliento de su público, era el hombre clave para las aspiraciones de la escudería Ferrari y sobretodo de Kimi. Ya se sabía que en las paradas que tenían que hacer ambos coches, la punta iba a cambiar de dueño. Claro, sin ser tan obvios y no lograr sanciones de los comisionados, que andaban de veedores, no por los boxes de Ferrari, sino por el de McLaren-Mercedes, por el problema de favoritismos hacia inglés, dejando de lado al español. Ya Räikkonen, tenía en sus manos el liderazgo de la carrera, pero Massa era fundamental para sus aspiraciones, ya que si se colocaba en segundo lugar, entre el finlandés y Alonso, el título se quedaba en manos del “Hombre de Hielo”. Claro, siempre y cuando Hamilton no llegara al quinto lugar, pero eso solo iba a pasar si sucedía algo imprevisto, como lo fue los sucesos del Gran Prix de Interlagos.
Al Final, Kimi vio primero la bandera a cuadros, que lo proclamaba ganador de la carrera y campeón mundial de pilotos. Título que se vio manchado por las denuncias de espionaje de parte de la escudería Ferrari en contra de McLaren-Mercedes. Pues esos mismos monoplazas plateados, iban con ventaja a las carreras, dejando mal parados a los de Ferrari. Pero, curiosamente, los de Maranello, tuvieron su despegue cuando se dieron cuenta que algo no funcionaba mal, y fue por ello que decidieron elevar su reclamo al comité del máximo organismo del automovilismo mundial, la FIA.
Premio para Ferrari, que siguió apostando por sus pilotos haciendo caso omiso a las críticas, que les reclamaban conductores con mucho más coraje, y menos sangre fría. En clara alusión al finlandés Kimi, incluso añoraban al múltiple campeón Schumacher. Ahora la escudería del “Cavallino Rampante”, está mucho más encaminada a lo que piensa hacer la próxima temporada. Sin las presiones y los problemas personales que ha tenido en todo este año, su principal competidora, McLaren-Mercedes y por esas pugnas internas, dejaron escapar un título que ya lo tenían en el bolsillo.

lunes, 1 de octubre de 2007

Huerta Bar

LA NOCHE DE TU AUSENCIA


"Cigar Bar" (Brent Lynch)

Fue la última vez que la encontré en el bar. Se encontraba sola, alejada sentada en la mesa del rincón, parecía tan distante, sumergida en sus propios pensamientos. Estaba mirando el vaso de cerveza, moviéndolo en forma de remolino, quizás para no tener que tomar la espuma. No la quise molestar pero, el reloj me decía que andaba retrasado, y que sería un error hacerla esperar más de la cuenta. Al acomodar la silla para sentarme a su lado, me miró, con una ternura que sólo ella podía irradiar. Sonriéndome, y sin ningún reclamo sobre mi tardanza, me dijo: “Sorry, pero ya te llevo ventaja al tomarme este vaso de cerveza”. Le respondí, algo aliviado al notar que andaba de buen humor: “No te preocupes, ahora pido otro vaso de cerveza y te alcanzo”.
Conversamos diversos temas, de cómo estaban los amigos en común, a quién habíamos visto después de tiempo, cómo estaba su familia, y esas cosas que en esos momentos parecían algo banales y triviales, pero que uno comenta, para hacer larga la conversación y para evitar el tema principal, del cuál nos tenía sentados aquella noche, en la misma mesa de siempre en aquél establecimiento, repleto de gente, que conversaban en voz alta, para así lograr comunicarse, pues la música del lugar estaba bastante alta. Uno parecía que se iba a quedar ronco de tanto gritar, pero igual, se divertían. En el fondo, deseaba no estar pasando por esta situación y creo que ella pensaba lo mismo.
Cuando nos veíamos, la mayoría de las veces, resultaba una experiencia muy encantadora, la pasábamos bien. Paula trataba de conocerme, de analizar mis pensamientos, lo mejor de ella era que, entendía todas mis bromas, que trataban de ser sutiles, irónicas y hasta sarcásticas, sin lograr nunca su objetivo. Ella se reía a más no poder, no sé si disfrutaba mis locuras por lo bien que las hacía o por lo tontas que se veían, yo creo, que era por la segunda opción. A Paula, eso no importaba, se divertía, se sentía segura a mi lado, me amaba y eso era lo único que le interesaba. Y para mi, verla contenta era lo mejor que me podía pasar, disfrutar cada día de su sonrisa, era mi vitamina diaria para poder sobrellevar los problemas que me aquejaban, que siempre surgían por el lado menos pensado.
Con ella, veía el mundo distinto, a pesar que trataba de ser objetivo y ver las cosas desde un punto de vista diferente al resto. Paula me daba las soluciones y con mucha calma y astucia me enseñaba el camino que debía de seguir. Había aprendido muy bien a manejarme, a controlarme, a calmarme, cuando me encontraba en un estado alterado, sabía que no me quedaba nunca callado porque trataba siempre de salir ganador de aquellas discusiones – ahora que las recuerdo, me parecen tan estúpidas y sin sentido – que sólo nos hacían pasar malos ratos. Paula, muy calmada y con argumentos sólidos, casi siempre lograba estabilizarme emocionalmente, pensar un poco más las cosas y lo que ninguna mujer hasta ahora había logrado en mí, me dejaba calladito, sin nada que decir, tan solo atinaba a escucharla y ceder a todo lo que me decía.
Era tanta nuestra alegría de habernos conocido, de saber que nos amábamos mutuamente, que incluso ella me sugirió, muy sutilmente, casarnos. “¿Casarnos?”, le pregunté. “¿Y por qué no? ¿No dices que me amas, que me quieres, no crees que esta relación avance?”, me dijo, algo sorprendida – incluso más de lo que yo en esos momentos estaba - con mi pregunta. Era cierto, la estábamos pasando bien juntos, y creo que ella sentía esa la felicidad y la quería plasmar en aquél acto, que te compromete para toda la vida. “Quiero tener algo serio contigo”, me lo dijo con un tono de voz más pausado y melancólico. No hacía falta que me mirase a los ojos para saber que estaba llorando.
Ya más calmado, le comenté todas mis teorías sobre el matrimonio, las cuales no son nada buenas y van en contra de aquél “matrisuicidio”. Creo que lo decía más por el temor a casarme a de estar seguro de quererla. Le puse mil pretextos para no cometer tamaño error. Le dije que mi trabajo no era el mejor de todos, y que encima era inestable. Que a pesar de que ella tenía un trabajo en donde ganaba lo suficiente para mantenerse, no iba a poder encargarse de todos los gastos. Además, “el casado, casa quiere”, y eso nos iba a costar una barbaridad, incluso, teníamos que gastar en todas las cosas para la casa. Un dinero que ninguno de los dos tenía y que si lo pedíamos prestado al banco íbamos a gastar nuestro sueldo en tan solo pagar deudas y de ello, se crearían problemas entre ambos, no estaríamos nada cómodos emocionalmente ni económicamente.
Después de esa conversación que tuvimos, nunca más me mencionó el tema. Para que se sintiera mejor, le compré un anillo, que a mi manera de ver las cosas, simbolizaba todo el cariño que sentía por ella, y que daba al menos una esperanza, de más adelante tener una verdadera unión. Lo recibió con una amplia sonrisa y con un fuerte beso, que hasta hoy lo recuerdo. Me prometió que nunca se lo quitaría. Me explicó que, no quería pasar más tiempo de novia, pues con su anterior relación, llevaron el noviazgo por más de 5 años. Y ahora no quería cometer los mismos errores de antes.
Sabíamos muy bien que esta relación iba a llegar a su fin. La presión para que no se terminen estos momentos era fuerte. Ocultábamos nuestros sentimientos, tratábamos de que la otra persona no se diera cuenta de aquella preocupación. Solo vivíamos el día, sin preocuparnos del mañana. Hasta que ese mañana, inevitablemente llegó. Creo que a veces las personas piensan tanto en un día indicado, importante para ellos. Se rompen la cabeza en como actuar en esos momentos. Incluso, se ven afrontando múltiples situaciones, para que ninguna las tome por sorpresa. Analiza, estudia, prepara su guión. Ya todo lo tiene calculado pero, el día llega y todo lo pensado se va por la borda y solo atinas a quedarte callado.
Después de un par de horas, charlando en el bar, Paula salió llorando, sin ni siquiera despedirse. A la carrera tomó el primer taxi que se encontraba afuera y se dirigió muy presurosa al aeropuerto. Ahí la estaba esperando el vuelo que se dirigía a España. Iba a retomar sus estudios de Derecho Comercial. Allá se pensaba quedar, radicar y ejercer su profesión.
No atiné a nada, no reaccioné, solo me quedé sentado, jugueteando con mi vaso de cerveza. Ya ni siquiera escuchaba todo el ruido que existía a mi alrededor, en mi cabeza solo rondaba las palabras que me dijo entre lagrimas antes de partir: “Lamentó mucho no poder seguir con lo nuestro, maldigo al destino por ser bastante cruel, nos había jugado una mala pasada, te quiero, entiéndelo”. Al ver que mi reacción era sólo escucharla y no decir palabra alguna. Me devolvió el pequeño pero significativo anillo que le había dado meses antes. Lamentablemente y lo que ella quizás nunca sabrá es que, en mi bolsillo, llevaba un anillo de compromiso. Planifiqué tanto el momento y las palabras correctas para pedirle que se casara conmigo, que sólo conseguí alejarla de mi lado y quedarme con dos anillos.

viernes, 18 de mayo de 2007

Crónica

Anorexia: el temor a subir de peso.



Lamento mucho no poder venir antes, espero que me disculpes amiguita linda. Sé que he sido muy ingrata contigo Alicia, dirás que me he olvidado de ti, pero sabes muy bien que eso no es cierto. Tú y yo sabemos que siempre nos vamos a tener la una a la otra, pase lo que pase. Pero mira, te he traído estas lindas rosas, para que no te enojes conmigo. Las voy a poner en este florero, para que no se marchiten. Pero mira, que bonita foto te han puesto aquí, sales muy linda y sonriente. ¿No es esta la foto de aquella vez? Claro, ya lo recuerdo muy bien, esta foto te la tomaste cuándo te acompañé a tu sesión de fotos. Ambas estábamos muy contentas, pues habías pasado el casting para ser modelo. Me acuerdo que esa tarde lucias esplendorosa, aunque te enojaste un poquito conmigo por llegar tarde, es que tenía una reunión con los chicos de mi instituto. Pero igual, me sonreíste al verme llegar y de inmediato partimos al estudio fotográfico.
Desde ese día, no paraban de llamarte para hacerte más sesiones fotográficas, para que modeles vestidos de reconocidas marcas. Salías en catálogos, revistas y hasta en paneles publicitarios. Y encima en tus ratos libres hacías las veces de anfitriona. Todos los chicos del instituto se morían por estar contigo. Incluso cuando te invitaban a comer, les decías que no podías por tener muchas ocupaciones de modelo. En realidad no tenías tiempo para nada, dejaste a un lado los estudios, para dedicarte de lleno a las pasarelas.
Recuerdas que en el cumpleaños de Patricia, nuestra mejor amiga, tomamos un par de tragos, como lo hacíamos desde el colegio, y comíamos todo lo encontrábamos en la cocina, la pasamos muy bien ese día. Hasta que tú después de probar unos bocaditos, te fuiste directo al baño. Estábamos muy preocupadas por ti, pensábamos que te ocurría algo, pero nos decías que era mejor vomitar el alcohol y las grasas consumidas, ya que eso engordaba. Lamentablemente esa misma escena, se repetía cada vez que salíamos a fiestas o a comer algo. Nosotras siempre tratábamos de que no lo hicieras, pero eras muy terca, cuándo algo se te metía en tu cabeza no lo dejabas. Ahora era que estabas demasiado gorda, por eso vomitabas. Tal vez por esas discusiones que teníamos contigo, es que decidiste no salir más con nosotras, pues según tú, las otras modelos te comprendían mejor, no te regañaban, es más te daban consejos para que bajes de peso, pues ellas si se daban cuenta que estabas demasiado gorda.
Después de meses te encontré haciendo ejercicios en el gimnasio. Me sorprendí al ver como habías bajado notablemente de peso.
- ¿Qué haces Alicia, para mantener esa figura, vamos no seas malita y cuéntame tú secreto? te dije.
- Nada, Vale, no es ningún secreto, hago lo que hacen todas las personas para bajar de peso, hacer una dieta estricta y por su puesto, para que las cosas estén en su sitio, tengo una rutina de ejercicios dos veces al día, me respondiste.
Te quejabas demasiado, pues no podías cumplir con esas rutinas, ya que tenías que modelar. Tu agente te estaba exigiendo que bajaras esos “rollitos” que solo él veía en tu delgada figura. No quise discutir, pero me parecía muy exagerado lo que te decían, estabas más flaca cada día, y yo no notaba ningún rasgo de sobrepeso en tu cuerpo. Ya no tenías esa sonrisa que siempre te acompañaba, noté en tu mirada algo de fastidio por mis palabras, hasta que no aguantaste más y me empezaste a decir, gritándome.
- Perdóname que te lo diga Valeria pero, déjame en paz. Tú no sabes nada de estas cosas. Es más, ya no quiero escucharte. Permiso que tengo cosas más importantes que hacer.
Me dejaste conmocionada, nunca te habías comportado así, menos conmigo. Agarraste tus cosas, me diste la espalda y te fuiste raudamente sin despedirte.
Por lo que pude enterarme, ese comportamiento no solo lo habías tenido conmigo, sino con varias personas del instituto. Y todo por que ellos te habían dicho que estabas muy flaca, que comieras un poco más, que así al paso que ibas podrías enfermar. Es más, hasta a tu madre le gritaste. Ella que siempre se ha preocupado por ti, que te ha dado todo lo que has querido, comprándote ropa, enviándote a los mejores colegios. Por ti a trabajado día y noche, para que no te falte nada. Sabes, a tu mamá la encontré destrozada, no comprendía por qué te portabas así con ella. Solamente te preguntó, sin querer molestarte, por qué no comías. Eso no era para que explotaras de ira contra ella y te fugaras de tu casa.
Para suerte tuya, te acogió en su departamento Claudia, una chica trabajadora y amiga de ambas desde el colegio. Ella me llamó muy preocupada por ti, me comentó que estabas muy delgada, que a pesar de que medias 1.70 cm., estabas pesando nada más que 40 kilos. Pero según tú, seguías viéndote gorda. Eso no era todo, cuándo ella te llevaba comida al departamento, siempre ponías toda clase de excusas para no comer, inventabas dolores de estómago, que ibas a salir y por eso no tenías tiempo, que después lo ibas a probar, etc. También me contó que, sufrías de insomnio, pues te pasabas todas las noches en fiestas o reuniones de trabajo. Andabas como zombi por el departamento en las mañanas, toda desaliñada. Incluso no tenías ganas de hacer nada, sentías una tremenda fatiga cuándo arreglabas tus cosas. Te la pasabas viendo televisión todo el día y leyendo revistas para mujeres, en donde salía las tendencias en el vestir y siempre decías, que esas chicas sí que estaban en su peso ideal, pues se veían flacas, les quedaba bien la ropa que lucían y encima pesaban menos que tú.

Regresaste a tu casa, después de 6 meses, ya que te enteraste que tu mamá estaba sufriendo mucho por ti y estaba muy sola en esa casona tan inmensa. Esa misma casa en dónde siempre jugábamos de pequeñas. Le pediste disculpas le prometiste que no ibas a tratarla mal nunca más. Te iba de maravilla en tu trabajo, eras considerada una de las mejores modelos de Lima, con mayor proyección a nivel nacional. Incluso firmaste un contrato con una compañía de cosméticos internacional. Te escogieron por tus facciones finas, tus ojos marrones claros, tus labios delgadísimos y por tu perfecta sonrisa.
Todo parecía irte bien, no había revista o publicación en la cuál no aparecieras. Eras muy famosa, dejaste de ser una promesa en el competitivo mundo de las pasarelas, para ahora ser una realidad. Esa imagen que proyectabas no era del todo cierta. Sabías actuar muy bien frente a las cámaras, pero te quitabas esa careta en tu hogar. Después de todo ese glamoroso mundo de la fama, cuándo regresabas a tu casa, te sentías mal, tu estado anímico decaía profundamente. Sufrías de desmayos a cada rato, ya que no podías injerir alimento alguno, siempre sufrías de estreñimiento. Y cuándo por fin probabas comida, te daba una indigestión acompañada por unos intensos mareos.
Logramos llevarte al médico con tu mamá, para que te analicen y saber qué es lo que tenías. Después que sufrieras una fuerte crisis que te llevó a desmayarte en la casa. Recuerdo muy bien cuándo el doctor le dijo a tu madre que sufrías de Anorexia Nerviosa, la cuál se caracteriza por el temor a aumentar de peso, que es causada por tener una visión distorsionada y delirante del propio cuerpo, que hace que el enfermo se vea obeso aun cuando su peso se encuentra por debajo de lo recomendado. En los exámenes te diagnosticaron también osteoporosis. Tus uñas eran bastante frágiles, se rompían a cada rato. Esa melena castaña que lucias en cada foto ya no era frondosa y brillante, tenías perdida de cabello. Estabas perdiendo el esmalte en los dientes, se encontraban todos amarillos y casi todos carcomidos por las caries. Te habían aparecido muchos vellos en los brazos y piernas. Incluso sufrías alteraciones en la menstruación No soportabas los vientos fuertes, tu intolerancia al frío era inmensa, incluso cuando hacía calor, sufrías de escalofríos. Tanto habías adelgazado, que se podía notar a simple vista todos tus huesos, a pesar de ello seguías diciendo que estabas gorda. Tu estado era muy grave necesitabas un tratamiento urgentemente, pues se podía complicar más esta enfermedad.
Con nuestros amigos del instituto y del colegio, nos turnábamos para ir al hospital y no dejarte sola en esos momentos tan difíciles que estabas pasando. Cada uno en cierta forma tratábamos de apoyar anímicamente y emocionalmente a tu mamá, que no te dejaba sola ni un segundo. Ahí se vio quienes eran tus verdaderos compañeros, pues curiosamente, tus “amigos” de la farándula, las modelos con quienes compartías pasarelas, los publicistas e incluso aquel agente que te exigía cada día que hicieras todo lo posible para bajar de peso, no se acercaron al hospital para visitarte ni una sola vez. Fue una lucha constante, se te notaban las ganas de vencer esta enfermedad, tu ánimo había cambiado, ya probabas en pequeñas cantidades alimentos. Volvías ser la misma de antes, aquella chiquita que no se dejaba vencer por ninguna dificultad que se le presentaba.

Pasado un mes, conseguí un trabajo fuera del país. Tanto empeño le puse a este nuevo empleo, que me alejé hasta de mi familia. Era como si me hubiera tragado la tierra. Ahora ya más consolidada en mi puesto laboral y disfrutando de mis vacaciones. Ni bien bajé del avión, me fui a tu casa, para verte y saber como estabas después del tratamiento, pues siempre pensaba en ti. Tu mamá me recibió como siempre, con un fuerte abrazo y se alegró mucho al verme. Me contó entre sollozos y muy entristecida, que habías sido muy fuerte al tratamiento. Incluso los doctores se asombraron de tu evolución. Todos estaban alegres.
Pero una tarde, sorpresivamente te vino una arritmia segundaría que acabó con tu vida. Los médicos indicaron que la causa de tu deceso, fue por que tu corazón ya se encontraba bastante debilitado. Dejando un gran vació en la vida de las personas que te llegaron a conocer mejor durante tu tratamiento en el hospital.
Es por eso, que estoy aquí, frente a tu tumba. Trayéndote estas hermosas rosas para adornar tu lecho de muerte. Lamento mucho no haber estado en tu velorio, no poder despedirme de ti. Me duele tanto en el corazón perder de esa manera a una chica tan amable, tan hermosa, con tanta vitalidad, muchas veces me contagiabas con tu optimismo y me animabas a triunfar en esta vida, sobre todo no ver más mi única amiga.
Espero que al menos esta historia, tú historia, sirva de lección para aquellas personas que sufren de este trastorno alimenticio, que se den cuenta que esto es curable. Que existe un tratamiento para revertir esa sensación de sentir un sobrepeso en el cuerpo, pero el primer paso es darse cuenta por sí mismo que uno sufre esta enfermedad. No hacer demasiado caso a tanta publicidad, que se nos aparezca en el camino, que nos guíe hacia un adelgazamiento drástico por que sino seremos rechazados por una sociedad consumista. No hacer dietas extremas. No perder la costumbre de ingerir alimentos. No solo consumir la llamada comida chatarra o rápida. No dejarse manipular por la moda, por la aparición de ropa cada vez más estrecha, de las modelos cada vez más delgadas, esto puede influir a muchos jóvenes a emularlos. Hay que enseñar a los muchachos a huir de esta moda de la delgadez extrema, enseñando a las personas a ser feliz con su propio cuerpo, quererse tal como uno es, gordo, delgado, feo, chato, etc. Estoy segura, que si mi amiga Alicia no hubiese negado nunca que padecía de anorexia y no se oponía a ir al médico para tratarse y rehabilitarse, todo por miedo a subir más de peso, no estaría muerta.